sábado, 13 de noviembre de 2010

Hoy

Hoy siento que nada va a mi ritmo. Lo que me pasa, lo que creo y lo que siento no sincroniza con ninguna melodía que acompaña mi día.

Extraño esa casa que al llegar uno siente ese ‘calor de hogar’ que se traduce en tranquilidad. Hoy lo más parecido a eso es cuando llego a mi trabajo y siento que es como un segundo hogar durante unas horas, tanto así que hasta me cuesta irme...

El día en que me fui de mi casa hubiera querido que alguien me dé un abrazo fuerte para tener la certeza que todo estaría bien. No fue así y después de todo no he muerto.

Recuerdo a mi madre tan triste que no pudo verme partir, si a las justas podía hablar. Recuerdo a mi hermano en la puerta luego de cargar una caja grande en forma de pieza de juego que contenía mi ropa y yo observaba la fachada sin poder decir nada, unos segundos más y el auto arrancó.

Por mi cabeza pasaron innumerables momentos mientras doblábamos la esquina y sentí mi pecho caliente, que algo se me quebró y esa sensación no paró hasta después de un par de días.

Empezaba a comprender y me di cuenta que ya no vería a mi madre todos los días, que a mis 22 años me iba de casa para no volver, que mi tan personalizada habitación llena de fabulosas historias no la volveré a reinventar, saber que al llegar ya nadie me espera.

Después de la mudanza solo he visitado la casa una vez y por muy poco tiempo pues no aguanto verla ahora, ya no es la misma, no es mi refugio como lo ha sido durante tantos años y me viene la época escolar, la universidad y va, no puedo más… pero considero que ha sufrido tantos cambios como los he tenido yo.

A punto de no poder más, que mi cabeza explote de tanto pensar y que pasen tantas cosas que no quiero que pasen, que me choque que todo gire sin saber qué rumbo tomar emocionalmente … a respirar profundo…

Cuando despierto a veces se me olvida que amanezco en otro distrito. Y mi ruta ha cambiado, ahora al salir de la universidad no tengo que cruzar la pista para tomar el bus y por el contrario en mi trabajo. Ya no me dirijo al sur.

Para remate cuando pienso en mis hermanos me acuerdo de la casa de mis abuelos y todos pequeños jugando en ella muy felices...

Es un día en soledad con el que agonizo pensando en crecer, ser adulta y no querer serlo por unos instantes …

Por estos días la inestabilidad emocional me ha golpeado orden, memoria y prioridades. Siento que mientras caminaba me metieron cabe muchas veces, que me apagan las luces y avanzar en la oscuridad se hace difícil e inseguro.

Mis días a color son meros recuerdos, estoy a blanco y negro y ya quiero pasar a sepia… lo sé, todo depende de uno mismo…

Pasar tantas cosas me jode por momentos, luego reflexiono y sé que nada es fácil pero tampoco tan difícil... depende de cómo lo veamos, una cuestión de actitud más que todo…

Pero tengo derecho a caerme porque hoy la ciudad me queda inmensa y el departamento y la habitación, demasiado grande.

Las cosas no siempre vienen como quisiera que vengan, sé que no me perderé y que nada puede ser tan malo. Jodido porque me va bien pero anímicamente no puedo disfrutarlo y sumado que mis sentimientos no son correspondidos como deseo, el dolor me vuelve al pecho.

Definitivamente no sincronizo, extraño como mierda a mi familia, a mis amigos y me extraño a mí. Me siento tan sola que pienso que al estar frente al espejo este ya no me reflejará… y ya estoy a punto de entrar en coma…

Antes sentía muchas presiones, ahora puras ausencias.

Estoy tan sensible que hoy enteramente me muevo a nostalgia… pero mañana, mañana es otro día, gran consuelo.

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